FANDANGOS DE LUCENA.- Parece ser que el único estilo auténticamente cordobés es el fandango de Lucena, que todos los Onofre cantaron muy bien. Según Molina, debió surgir en el siglo XIX y extenderse por toda la comarca. de Lucena a Priego, Castro y Puente Genil.

Molina distingue tres clases de fandangos lucentinos de acuerdo con las letras típicas: fandangos bufos y picantes, amorosos y descriptivos de inspiración localista.

El fandango de Lucena tiene una clara ascendencia malagueña, en el ámbito de los verdiales.

Otra variación netamente cordobesa del fandango es el llamado zángano, que se canta sobre todo en Puente Genil, de donde han sido o son sus principales intérpretes. También la temporera, que se incluye entre los cantes camperos, cantes de trilla, fandango de los lagares, cantes de pisa, verdiales y tienen raíces netamente folklóricas: , es cante cien por cien cordobés, que se oía hace años a los gañanes de cortijadas y pueblecitos.

 

 

 

 

 

 

El cante de Lucena es esencialmente malagueño, a pesar de ser una ciudad puramente Cordobesa. El fandango de Lucena está íntimamente emparentado con los verdiales en sus tres variantes estudiadas, pues son dos los fandangos lucentinos que conocemos. Uno, el que engrandeció Cayetano Muriel y que fue por él difundido; otro, ahora olvidado, en actual fase de extinción, muy apegado a la verdial adscrito a la zona limítrofe malagueña-cordobesa que se canta en tono grave y a los cantes del oriente andaluz (cartagenera sobre todo), o, al menos, tal se nos presenta en las interpretaciones que de él hicieron "El Niño de Escacena" y Pastora Pavón, "Niña de los Peines".
No hay, pues, la menor duda de que nos encontramos ante una derivación de los verdiales.

Los orígenes.- No podemos asegurar nada respecto a la época de su formación. Lo cierto es que en la comarca hay diversas modalidades del mismo cante, tales corno los "zánganos" de las huertas del Genil y los fandangos, ya casi perdidos, de Herrera (prov. de Sevilla). Todo lo cual permite asegurar que el siglo XIX conoció los fandangos lucentinos.

Su acompañamiento a la guitarra es el mismo de las "verdiales" y, como ellas, es un cante "ad libitum". Pero los fandangos lucentinos son más cortos y enérgicos, y desarrollan una variación de la melodia característica de las verdiales del tipo más frecuente ("Hay una laguna clara entre Córdoba y Lucena...") y que es costumbre yuxtaponerlo -impropiamente- al cante de la Serrana.

La riqueza melis matica, la tendencia al cante "ad libitum" la relajación del compás, la inclinación al "andante", infringiendo espontáneamente los "tempos" canónicos, la vocación melódica con riesgo de transformar el "cante" en "canto", la arbitrariedad y la minimización del "ay", la frecuente disociación o divorcio del cante y la guitarra y la inhabilidad de las palmas, son características del triángulo malagueño-cordobés.

Clasificación.- 1. Fandangos bufos y picantes. Muy numerosos y notables, fueron los preferidos del cantaor Rafael Rivas:
"Son satíricos, jocosos, burlescos, incluso desvergonzados con frecuencia, pero sin hiel, buscando sólo producir la risa y el optimismo.

"2. Fandangos amorosos. Llenos de ingenua gracia y ternura, "trascienden en ocasiones a inocente idilio de égloga o bucólica".

3. Fandangos descriptivos. De inspiración localista casi siempre. Aluden a rincones, parajes, devociones (Virgen de Araceli), costumbres de la ciudad.

En Cabra hay que destacar que su creador y difusor fue Cayetano Muriel.

Entre los maestros del fandango de Lucena destacan Rafael Rivas, Dolores "La de la Huerta", Paco de Lucena, Paco Muñoz Hidalgo, "Niño de Lucena", Antonio Ranchal y Álvarez de Sotomayor o Curro Lucena.

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